RESTAURANTE LA TRAVIESA
C/ Antequera, 4 ( frente al Paseo de Las Flores ) Casco antiguo
18680 Salobreña (Granada)
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Es extraño. A veces, basta intercambiar algunos mensajes con alguien a través de una pantalla para luego conocerlo fisicamente y parecer que es tu vecino de toda la vida. Es lo que me hicieron sentir tanto Lidia, de Atrapada en mi cocina (y su marido) y Rafa, de Cucharón y paso atrás. El miércoles quedamos los cuatro para una mini-quedada de blogueros cocineros y creo que hablo en nombre de todos cuando digo que estuvimos agustísimo. Tuvimos tiempo para conocernos, compartir aficiones, las evidentes y las que no tanto, reir, y cómo no, disfrutar de una cena en un entorno privilegiado. Lidia eligió el sitio. No hace mucho había estado con su marido y quedó maravillada, y es que la mezcla explosiva de buena comida + vistas + (buena) música en directo + atención exquisita hacen mágico el lugar.
Situado en el casco antigüo de Salobreña, cerquita de una de las puertas para entrar y perderse por los confines del castillo mozárabe se encuentra en Restaurante La Traviesa, frente al Paseo de las flores. La verdad es que no solemos tener costumbre de cenar por allí. Antes solíamos subir bastante al Pesetas porque una amiga de mis padres trabajaba allí de camarera, pero ya hace mucho tiempo de eso. Cuando ayer le comenté a mi padre lo del restaurante y la ubicación, me dijo que antes de La Traviesa, había sido una especie de pizzeria y que también habíamos estado, pero mis recuerdos de aquello han quedado reducidos a la nada (o era una enana o el sitio tampoco me marcó excesivamente..). Total, que voy a aprovechar a robarles (léase pedirles prestadas) algunas fotos del Facebook de las vistas panorámicas con las que podréis disfrutar si vais (tonta de mi se me olvidó sacar fotos!!).
Para beber pedimos una botella (que al final fueron dos) de Marqués de Griñón, Crianza de 2008. Yo de vinos no soy una entendida en absoluto, así que tampoco me voy a pasar diciendo que tenía matices a madera y olor a roble. Para mi estaba rico y punto en boca. Con la bebida nos sacarón un aperitivo de crudités con una salsa suave de ¿ali-oli? puede ser? Estaba rica! Cuando se acabaron los crudités, el pan empezó a menguar.
Para el centro de la mesa pedimos un par de platos para compartir entre los cuatro. Un entrante que ya contaba con el visto bueno de la pareja de la mesa, el pastel de verduras a la parmesana, y la ensalada que nos habían recomendado, la de espinacas. El pastel de verdura estaba muy bien cocinado, finísimo y con una salsa de parmesano que combinaba a la perfección. Lidia estuvo a punto de pedir la receta, fíjate tú si aquello estaba rico o no.
La ensalada, a parte de espinacas tenía zanahoria rallada, champiñones laminados, queso de cabra desmenuzado, taquitos de bacon frito, tomatito y una vinagreta especial de la casa que identifiqué de mostaza (es que yo la hago muy parecida y siempre os digo que está súper buena). Muy rico entrante también. Me quedé con ganas de probar la otra ensalada que nos recomendaron, la de queso de cabra, pero como seguramente no sea la última vez que vaya, queda pendiente para siguientes ocasiones.
Antes de comenzar los segundos platos, Luis, que fue un encanto, nos sacó unas copas de cava, muy pro. Nos sentíamos como en una boda oye.
Los segundos platos empezaron a desfilar por la mesa. Y digo desfilar porque eran como obritas de arte. Empiezo por mi y os muestro mi elección, acertadísima, de calamares rellenos de marisco. Sublimes. Una salsa de tomate (parecidísima a la que hace mi padre, con ese toque de pimiento verde, muy rico) y una guarnición de arroz y verduritas lo hicieron un plato digno de ser recomendado a futuros comensales del restaurante.
Rafa pidió tajín de cordero. Él es más bueno que el pan y nos dejó picotear a todos de su plato y así poder probarlo. Doy fe de que estaba cojonu** (piiiii). Con ese toque árabe que dan algunas especias y esa salsa, estaba para mojar pan y no dejar miga alguna.
Lidia optó por el salmón al cava con salsa de puerros y gambas (opción que yo también estaba barajando). Buen pescado y una salsa perfecta, coindicimos los cuatro.
Eriberto, el marido de Lidia se decantó por el rabo de toro guisado. El camarero nos explicó cómo la cocina de La Traviesa era 100% casera. Vamos, que aquel guiso había estado sus tres horitas pertinentes en la olla express y no lo habían comprado congelado. En éstos tiempos que corren, es verdaderamente de agradecer. Con aquel guiso también hacían los canelones rellenos de rabo de toro que tengo que probar sí o sí. Aquí el pedazo de plato:
Si después de tanto ajetreo pensabais que no tendríamos estómago para más, estáis muy equivocados. La hora de los postres llegó y no pudimos evitar la tentación (que por otra parte, porqué evitar la tentación si lo mejor es caer en ella). Así que nos animamos a pedir el tiramisú, la tarta de queso y el pastel de chocolate. Del tiramisú no saqué foto (se me pasó por completo) pero os aseguro que es de los tres el que más me gustó, y mira que el café no me hace mucha gracia y el postre en sí, ni fu ni fa. Digamos que es el tiramisú perfecto hasta para aquellos a los que no les gusta el tiramisú. Lo que os digo, magia pura.
La tarta de queso también estaba riquísima. No sé cual será el secreto, porque lo probamos todos los comensales y a pesar de que en nuestros recetarios hay más de una tarta de queso (Lidia tiene más de diez recetas diferentes!!), ninguna sabía como aquella. Con la confitura que venía en la cucharita estaba genial.
El pastel de chocolate con salsa de chocolate caliente tenía aspecto de coulant, pero no lo era. Buena textura, buen sabor a chocolate sin resultar excesivamente empalagoso (fallo que muchos cometen) y rica salsa de chocolate que tenía, me parece, algún toque afrutado que le ponía la guinda al conjunto!
Por último brindamos con unos chupitos, cortesía de la casa, de un licor casero de Baileys espléndido. Es raro que aún en el blog no haya publicado una receta del mismo con el vicio que le tengo, es el mejor licor junto al limoncello (que mi cuerpo pueda tolerar). Si no fuera porque teníamos que conducir, también hubiéramos pedido copa, que acabando la cena con un buen gintonic la vida se ve de otra manera. Salimos por 30€ por persona, REGALADO.
PD: Si eso no fuera suficiente, la noche la amenizaron Eli Hernandez (a la que conocí el verano pasado en el Sunem junto a Manisch Blues Band) y algunos músicos, haciéndonos pasar una velada súper agradable. Un vozarrón, señores y señoras, aquí les dejo su maispeis.
Gracias a todos, asistentes de la mini-quedada, camareros, cocineras, músicos y demás, hicisteis que fuera una noche 10.

















¡Chiquilla, pero qué bien te cuidas! ¡Qué fotos, dan ganas de comerse la pantalla! Besos y feliz fin de semana.
http://comerespecial.blogspot.com
¡Ay, qué raro! No salió! Decía que te cuidas de maravilla. ¡Tú sí que sabes! Todo tiene una pinta que dan ganas de morder la pantalla!
Besos y feliz fin de semana.
http://comerespecial.blogspot.com
Fue una velada estupenda. Era como si estuviésemos en la terraza de casa, compartiendo una estupenda cena, amenizada con estupenda música y un estupendo servicio. Para mi La Traviesa se ha convertido en el descubrimiento del verano. Una experiencia para repetir. Besos.