
Un hallazgo aleatorio mientras paseábamos las caderas por Union Square nos condujo hacia Katana-ya, y así, fortuitamente, encontramos el edén. Lo que intuimos como un agujero en la pared, una puerta cualquiera a un restaurante oriental como tantos otros por la ciudad, era en realidad una recomendación de la guía Michelin. Nada más y nada menos. Es harta complicada la búsqueda del mejor ramén japonés de San Francisco, además de que requiere una notable inversión en tiempo y dólares. Nosotros dimos con él inesperadamente y fue una sorpresa formidable.
El interior del local esconde un espacio pequeño lleno de asiáticos. Amarillos, como diría mi abuelo. Una vez más éramos los únicos caucásicos del lugar y disfrutamos de tal condición. Tomó mi amigo Musatadi, que anduvo practicando japonés con los lugareños, una ración de maki-sushi de salmón y aguacate seguido de una sopa ramén con fideos yakisoba. Yo opté por un sushi “spicy” de atún rojo que junto con el wasabi me hizo ver las estrellas. Como enamorada del picante que soy me supo a gloria. Después tomé una sopa Ramen de la casa, tradicional: con miso, fideos caseros, cerdo, bambú, cebolleta, huevo y alguna que otra verdura no identificada más. Soberbia elección. Todo muy bueno, todo muy correcto. Alejado de los gustos occidentalmente ancestrales, algo que jamás veré comer a mi abuelo, pero igualmente delicioso.
Como dijo Terminator: Volveré.
PD: Las fotos son con el móvil y sin demasiada iluminación, de ahí su calidad. Perdonen las molestias.





